El presente artículo es de una claridad conceptual y lógica que consideramos que merece ser leído por todo aquellos que trabajan por defender la vida del concebido. Fue escrito por el gran filósofo español Julián Marías en 1997 , que utilizando su sabiduría ha realizado un análisis muy agudo de este acto en el que queda abolido lo humano. He aquí el artículo en el cual nos hemos permitido casi temerariamente a colocar algunos subtítulos y negritas para que su lectura sea más comprensible.
Una visión antropológica del aborto
Estado de la cuestión
La espinosa cuestión del aborto voluntario, que en los últimos años ha adquirido una amplitud desconocida, hasta convertirse en una de las cuestiones más apremiantes en las sociedades occidentales, se puede plantear de maneras muy diversas. Entre los que consideran la inconveniencia o ilicitud del aborto, el planteamiento más frecuente es el religioso. Por supuesto, es una perspectiva justificada y aceptable, pero restringida. Se suele responder que, para los cristianos (a veces, de manera más estrecha, para los católicos), el aborto puede ser ilícito, pero que no se puede imponer a una sociedad entera una moral «particular» Es decir, los argumentos fundados en la fe religiosa no son válidos para los no creyentes.
Rara vez se mira si los argumentos así propuestos, aun procediendo de una manera cristiana de ver la realidad, no tienen fuerza de convicción incluso prescindiendo de ese origen, el hecho es que todo el que no participa de esa creencia se desentiende de ellos y considera que no le pueden decir nada. Y los hechos deben tenerse en cuenta.
Hay otro planteamiento que pretende tener validez universal, y es el científico Las razones biológicas, concretamente genéticas, se consideran demostrables, enteramente fidedignas, concluyentes para cualquiera. Por supuesto esas razones tienen muy alto valor, y se deben tomar en cuenta, pero sus pruebas no son accesibles a la inmensa mayoría de los hombres y mujeres, que las admiten por fe (se entiende, por fe en la ciencia, por la vigencia que ésta tiene en el mundo actual)
Hay otro factor que me parece más grave respecto al planteamiento científico de la cuestión, depende del estado actual de la ciencia biológica, de los resultados de la más reciente y avanzada investigación. Quiero decir que lo que hoy se sabe, no se sabía antes. Los argumentos de los biólogos y genetistas, válidos para el que conoce estas disciplinas y para los que participan de la confianza en ellas, no lo hubieran sido para los hombres y mujeres de otros tiempos, incluso bastante cercanos.
Una visión cercana al tema: la división entre cosa y persona
Creo que hace falta un planteamiento elemental, ligado a la mera condición humana, accesible a cualquiera, independiente de conocimientos científicos o teológicos, que pocos poseen. Es menester plantear una cuestión tan importante, de consecuencias prácticas decisivas, que afecta a millones de personas y a la posibilidad de vida de millones de niños que nacerán o dejarán de nacer, de una manera evidente, inmediata, fundada en lo que todos viven y entienden sin interposición de teorías (que en ocasiones impiden la visión directa y provocan la desorientación)
Esta visión no puede ser otra que la antropológica, fundada en la mera realidad del hombre tal como se ve, se vive, se comprende a sí mismo. Hay, pues, que intentar retrotraerse a lo más elemental, que por serlo no tiene supuestos de ninguna ciencia o doctrina, que apela únicamente a la evidencia y no pide más que una cosa, abrir los ojos y no volverse de espaldas a la realidad.
Se trata de la distinción decisiva entre cosa y persona. Sin embargo, dicho así puede parecer cosa de doctrina. Por verdadera y justificable que sea, evitémosla. Limitémonos a algo que forma parte de nuestra vida más elemental y espontánea, el uso de la lengua.
Todo el mundo, en todas las lenguas que conozco, distingue, sin la menor posibilidad de confusión, entre qué y quién, algo y alguien, nada y nadie. Si entro en una habitación donde no está ninguna persona, diré” «no hay nadie», pero no se me ocurrirá decir’ «no hay nada», porque puede estar llena de muebles, libros, lámparas, cuadros. Si se oye un gran ruido extraño, me alarmaré y preguntaré «¿qué pasa?» o «¿qué es eso?» Pero si oigo el golpe de unos nudillos que llaman a la puerta, nunca preguntaré «¿qué es?», sino «¿quién es?» A pesar de ello, la ciencia y aun la filosofía llevan dos milenios y medio preguntando «¿Qué es el hombre?», con lo cual han dibujado ya el marco de una respuesta errónea, porque sólo muy secundariamente es el hombre un «qué», la pregunta recta y pertinente sería. «¿Quién es el hombre?», o, con mayor rigor y adecuación. «¿Quién soy yo?»
Por supuesto, «yo» o «tú» o «él» siempre que se entienda de manera inequívocamente personal. Es significativo que los pronombres de primera y segunda persona (yo, tú) tienen una sola forma, sin distinción de género, mientras que el de tercera persona admite esa distinción, e incluso con tres géneros (él, ella, ello) El que habla y a quien se ha bla son inmediatamente realidades personales, y su género es evidente en la acción misma, mientras que no lo es cuando se habla de alguien no presente (y, además, se puede hablar de algo).
El hijo es alguien
Se preguntará qué tiene esto que ver con el aborto Lo que aquí me interesa es ver qué es, en qué consiste, cuál es su realidad. El nacimiento de un niño es una radical innovación de realidad: la aparición de una realidad nueva. Se dirá tal vez que no propiamente nueva, ya que se deriva o viene de sus padres. Diré que es cierto, y mucho más de los padres, de los abuelos, de todos los antepasados; y también del oxígeno, el nitrógeno, el hidrógeno, el carbono, el calcio, el fósforo y todos los demás elementos que intervienen en la composición de su organismo. El cuerpo, lo psíquico, hasta el carácter viene de ahí, y no es rigurosamente nuevo.
Diremos que lo que el hijo es se deriva de todo eso que he enumerado, es reductible a ello. Es una «cosa», ciertamente animada y no inerte, diferente de todas las demás, en muchos sentidos única, pero al fin una cosa. Desde este punto de vista, su destrucción es irreparable, como cuando se rompe una pieza que es ejemplar único. Pero todavía no es esto lo importante.
Lo que es el hijo puede «reducirse» a sus padres y al mundo, pero el hijo no es lo que es. Es alguien. No un qué, sino un quién, alguien a quien se dice tú, que dirá en su momento, dentro de algún tiempo, yo. Y este quién es irreductible a todo y a todos, desde los elementos químicos a sus padres, y a Dios mismo, si pensamos en él. Al decir «yo», se enfrenta con todo el universo, se contrapone polarmente a todo lo que no es él, a todo lo demás incluido por supuesto, lo que es.
Es un tercero absolutamente nuevo, que se añade al padre y a la madre. Y es tan distinto de lo que es, que dos gemelos univitelinos, biológicamente indiscernibles y que podemos suponer «idénticos», son absolutamente distintos entre sí y cada uno de todo lo demás, son, sin la menor restricción ni duda, «yo» y «tú»
Cuando se dice que el feto es «parte» del cuerpo de la madre se dice una insigne falsedad, porque no es parte, está alojado en ella, mejor aún, implantado en ella (en ella, y no meramente en su cuerpo) Una mujer dirá, «estoy embarazada», nunca «mi cuerpo está embarazado» Es un asunto personal por parte de la madre.
Pero además, y sobre todo, la cuestión no se reduce al qué, sino a ese quién, a ese tercero que viene, y que hará que sean tres los que antes eran dos. Para que esto sea más claro aún, piénsese en la muerte. Cuando alguien muere, nos deja solos, eramos dos y ya no hay más que uno. Inversamente cuando alguien nace, hay tres en vez de dos (o, si se quiere, dos en vez de una).
Las mentiras y la hipocresías
Esto es lo que se vive de manera inmediata, lo que se impone a la evidencia sin teorías, lo que reflejan los usos del lenguaje. Una mujer dice: «voy a tener un niño», no dice «tengo un tumor» (Cuando alguna mujer se cree embarazada y resulta que lo que tiene es un tumor su sorpresa es tal, que muestra hasta qué punto se trata de realidades radicalmente diferentes.)
El niño no nacido aún es una realidad viniente, que llegará si no lo paramos, si no lo matamos en el camino. Pero si se miran bien las cosas, esto no es exclusivo del niño antes de su nacimiento: el hombre es siempre una realidad viniente, que se va haciendo y realizando, alguien siempre inconcluso un proyecto inacabado, un argumento que tiende a un desenlace.
Y si se dice que el feto no es un «quién» porque no tiene una vida «personal», habría que decir lo mismo del niño ya nacido durante muchos meses (y habría que volver a decirlo de un hombre durante el sueño profundo, la anestesia, la arteriesclerosis avanzada, la extrema senilidad, no digamos el estado de coma).
A veces se usa una expresión de refinada hipocresía para denominar el aborto provocado; se dice que es la «interrupción del embarazo» Los partidarios de la pena de muerte tienen resueltas sus dificultades. ¿para qué hablar de tal pena, de tal muerte? La horca o el garrote pueden llamarse «interrupción de la respiración» (y con un par de minutos basta), ya no hay problema. Cuando se provoca el aborto o se ahorca no se interrumpe el embarazo o la respiración, en ambos casos se mata a alguien.
Y, por supuesto, es una hipocresía más considerar que hay diferencia según en qué lugar del camino se encuentre el niño que viene, a qué distancia de semanas o meses de esa etapa de la vida que se llama nacimiento va a ser sorprendido por la muerte.
Consideremos otro aspecto de la cuestión. Con frecuencia se afirma la licitud del aborto cuando se juzga que probablemente el que va a nacer (el que iba a nacer) sería anormal, física o psíquicamente. Pero esto implica que el que es anormal no debe vivir, ya que esa condición no es probable, sino segura. Y habría que extender la misma norma al que llega a ser anormal, por accidente, enfermedad o vejez. Si se tiene esa convicción, hay que mantenerla con todas sus consecuencias, otra cosa es actuar como Hamlet en el drama de Shakespeare, que hiere a Polonio con su espada cuando está oculto detrás de la cortina. Hay quienes no se atreven a herir al niño más que cuando está oculto —se pensaría que protegido— en el seno materno, lo cual añade gravedad al hecho en una época en que cuando se encuentra a un terrorista con una metralleta en la mano, todavía humeante, junto al cadáver de un hombre acribillado a balazos, se dice que es «el presunto asesino», la mera probabilidad de una anormalidad se considera suficiente para decretar la muerte del que está expuesto al riesgo de ser más o menos anormal. Esta actitud no es nueva; ya se ha aplicado, y con gran amplitud, en la Alemania hitleriana, hace medio siglo, con el nombre de eugenesia práctica.
Lo que es el aborto
Lo que aquí me interesa es entender qué es aborto. Con increíble frecuencia se enmascara su realidad con sus fines. Quiero decir que se intenta identificar el aborto con ciertos propósitos que parecen valiosos, convenientes o por lo menos aceptables: por ejemplo, la regulación de la población, el bienestar de los padres, la situación de la madre soltera, las dificultades económicas, la conveniencia de disponer de tiempo libre, la mejora de la raza. Se podría investigar en cada caso la veracidad o la justificación de esos mismos fines (por ejemplo, se ha hecho campaña abortista en una región de América del Sur de 144 000 kilómetros cuadrados de extensión y 25 000 habitantes, es decir, despoblada). Pero lo que quiero mostrar es que esos fines no son el aborto.
Lo correcto es decir: para esto (para conseguir esto o lo otro) se debe matar a tales personas. Esto es lo que se propone, lo que en tantos casos se hace en muchos países en la época en que vivimos. Ésta es la significación antropológica de esa palabra tan traída y llevada, que se escribe más veces en un solo día que en cualquier otra época en un año.
Y una prueba más de cómo se plantea el tema del aborto, eliminando arbitrariamente la condición personal del hombre, el carácter de quién en que consiste, es que en muchas legislaciones sobre este asunto —sin ir más lejos, en la que se propone actualmente en España— se prescinde enteramente del padre. Se atribuye la decisión exclusiva a la madre (la palabra no parece enteramente propia, sería más adecuado hablar de la hembra embarazada), sin que el padre tenga nada que decir. Esto es, que aun en el caso de que el padre sea perfectamente conocido y legítimo, por ejemplo si se trata de una mujer casada, es ella y sólo ella la que decide, y si su decisión es abortar, el padre no puede hacer nada para que no maten a su hijo.
Esto, por supuesto, no se dice así; se tiende a no decirlo, a pasarlo por alto, para que no se advierta lo que ello significa. En una época en que se habla tanto de la «mujer objeto» —no sé si alguna vez ha sido vivida así; sospecho que siempre se la ha visto como «sujeto» (o «sujeta»)—, se ha abierto camino en la mente de innumerables gentes la interpretación del niño-objeto, del niño-tumor, que se puede extirpar como un crecimiento enojoso. Se trata de obliterar literalmente el carácter personal de lo humano. Para ello se habla del «derecho a disponer del propio cuerpo».
Pero, aparte de que el niño no es el cuerpo de la madre, sino que es alguien corporal implantado en la realidad corporal de su madre, es que ese supuesto derecho no existe. A nadie se le permite la mutilación: si yo quiero cortarme una mano de un hachazo, los demás, y a última hora el poder público, me lo impiden; no digamos si se la quiero cortar a otro, aunque sea con su consentimiento. Y si me quiero tirar por una ventana o desde una cornisa, acuden la policía y los bomberos, y por la fuerza me impiden realizar ese acto, del cual se me pedirán cuentas.
El núcleo de la cuestión es la negación del carácter personal del hombre.Por eso se olvida la paternidad; por eso se reduce la maternidad al estado de soportar un crecimiento intruso, que se puede eliminar. Se descarta todo posible uso del quién, de los pronombres tú y yo. Tan pronto como aparecen, toda la construcción elevada para justificar el aborto se desploma como una monstruosidad.
¿No se tratará acaso de esto, precisamente? ¿No estará en curso un proceso de despersonalización, es decir, de deshominización del hombre y de la mujer, las dos formas irreductibles, mutuamente necesarias, en que se realiza la vida humana?
Si las relaciones de maternidad y paternidad quedan abolidas, si la relación entre los padres queda reducida a una mera función biológica sin perduración más allá del acto de generación, sin ninguna significación personal entre las tres personas implicadas, ¿qué queda de humano en todo ello? Y si esto se impone y se generaliza, si a fines del siglo xx la humanidad vive de acuerdo con estos principios, ¿no se habrá comprometido, quién sabe hasta cuándo, esa misma condición humana?
Por esto me parece que la aceptación social del aborto es, sin excepción, lo más grave que ha acontecido en este siglo que se va acercando a su final.
Fuente: MARÍAS, Julián, Sobre el Cristianismo, Planeta, Barcelona, 1997, pp. 100-108.
Amnistía Internacional (AI) es una organización que a lo largo de los años ganó algún prestigio por abogar por personas condenadas a prisión por su credo político, religioso o de cualquier índole. De ahí precisamente el nombre, el de perdonar o amnistiar. Pero a partir de cierta época, en la cual ya no habían tantos regímenes dictatoriales ni en Africa, Asia o América Latina, su agenda se amplió, posiblemente para conseguir más recursos, y ha continuado su labor, ahora ya, por otros caminos.
Y así asumió la ideología de género, con lo cual asumió que existen unos “derechos de las mujeres”, con lo cual avaló que existen “derechos sexuales y reproductivos”, finalizando que el derecho al aborto es parte de su misión. (Ver post “Amnistía Internacional pide que en el perú se condene al concebido”)
Pero cuando la ideología interviene, se traiciona la realidad y se evidencian contradicciones que sólo pueden ser entendidas desde el ámbito del fanatismo partidario, la irracionalidad o la esquizofrenia, o en el peor de los casos, con el fin de captar fondos . Así pues, el 28 de setiembre (día inventado por los movimientos antivida llamándolo Día de la despenalización del aborto), AI envió una nota de prensa a la mayoría de los medios con el siguiente título “América: Despenalizar el aborto es urgente para el continente“.
La argumentación como siempre pone como protagonista principal a la mujer e ignora al niño que está por nacer y que no está mencionado en ningún momento.
Así su argumentación es :
a) Cuando una mujer o niña queda embarazada a consecuencia de una violación el Estado la obligue a continuar con el embarazo. Forzar a una mujer o niña violada a continuar con un embarazo, es cruel, inhumano y degradante. ( a favor del aborto por violación)
b) Algunos lugares de América Latina y el Caribe han reconocido las graves violaciones de derechos humanos que resultan cuando el acceso al aborto seguro y legal se prohíbe o se restringe. A pesar de estos avances, la triste realidad en la región es que todavía existen leyes que castigan el aborto, y aunque en la mayoría de los países está permitido en ciertas circunstancias, con frecuencia esta legislación no se cumple en la práctica lo que conlleva graves consecuencias para mujeres y niñas. Las guías para el personal médico son en la mayoría de los casos inexistentes, poco claras o no se distribuyen, lo que lleva a utilizar el sistema judicial innecesariamente dejando mujeres y niñas embarazadas sin la posibilidad de ejercer sus derechos. (A favor de un Protocolo del “mal llamado” Aborto terapéutico).
Curiosamente doce días después, en el “Día de Internacional contra la Pena de Muerte”, AI se pronuncia en contra de la pena de muerte, especialmente en Bielorusia y señala que “La pena de muerte es la forma más extrema de pena cruel, inhumana y degradante. La falta de humanidad de su aplicación se pone de manifiesto en casos de todo el mundo”.
Así por un lado AI condena la pena de muerte a una persona humana, y por otro lado, promueve el aborto, otro tipo de condena a muerte, pero más cruel que la que condena, si se considera que la persona es indefensa e inocente, y discriminada tan sólo por ser un niño no deseado. Pero mayor aún cuando los procedimientos por lo cuales se asesina al niño concebido son de una crueldad inhumana (ver post “No compres tarjetas de la Unicef” la sección “El kit de embriotomía”).
Steve Jobs no fue un niño deseado por sus padres biológicos, ambos jóvenes y de culturas distintas. Sus padres en lugar de pensar en el aborto lo dieron en adopción. Por su reciente fallecimiento, este hecho ha vuelto saltar en la prensa y, para muchos con un ángulo particularmente interesante.
Toda vida es valiosa por sí misma, pero el ejemplo de que sus padres biológicos hayan querido que Steve Jobs viviera, hace más evidente, con gran claridad, que la muerte de un niño no deseado puede ser la pérdida de proyectos asombrosos de realización personal, y en este caso, sin exagerar, de alcance global.
Cuando Jobs nace en 1955 faltaban aún 18 años para que se diera la legalización del aborto en los EE.UU. Por eso los grupos provida católicos se preguntan cuántos “Steve Jobs”, cuántos genios, artistas, líderes, han podido ser abortados para que la opinión pública de ese país reaccione ante el drama que vive el país.
Y ponen el dedo en la llaga: el sentimiento de pérdida que tenemos nos debe mostrar lo valiosa que es una vida y cómo hubiera sido Estados Unidos sin él.
Apareció en los fascículos “Nosotros y el Sexo” que el diario Expreso reparte cada semana. Curiosamente el diario Expreso se ha distinguido por oponerse el aborto, ¿se ha fijado que le está haciendo propaganda a una ONG que promueve los derechos sexuales y reproductivos y, entre ellos, al aborto?
La ONG Apoyo a Programas de Población o APROPO es una organización que se ha diferenciado por pretender educar sexualmente a la población pero más que nada por la venta de condones (Piel y OK). Es lógico pensar que existe un conflicto de intereses pero ahora a este tipo de propaganda educativa se le llama “mercadeo social”. Últimamente tiene como lema “promoviendo sexualidad responsable en libertad”.
Leemos en su web que su misión es: Construir en la población urbana y prioritariamente adolescente y joven del país, una cultura de prevención, en salud sexual y reproductiva responsable y en libertad. Es decir, cae en el mantra que ya todos conocemos y que termina inevitablemente en la promoción del aborto como vamos a demostrar una vez más.
Más allá de eso, APROPO también se distinguió por defender a capa y espada la píldora del día siguiente señalando que no tiene efecto abortivo. Nos llamaba la atención que no se haya juntado con las estrategias de ONG´s abortivas como PROMSEX, Flora Tristán, Inppares o Manuela Ramos, hasta que saltó la liebre.
Desde hace varias semanas, aparecía un fascículo los días lunes con Expreso de APROPO titulado “Nosotros y el Sexo” y en el número 22 llegamos a entender qué significa en su lema “promover sexualidad responsable”. En la página 87 de esta colección aparece el tema “La interrupción del embarazo” y dice a la letra:
“Detener el embarazo mediante un aborto clínico es otra opción que debe considerar la adolescente. Se trata de una posibilidad que dependerá de sus propias creencias religiosas y éticas.
Algunas religiones consideran que este acto es un asesinato, mientras que muchos sectores sociales piensan que la mujer debe decidir sobre su propio cuerpo y su futuro.
Por otra parte, la decisión que tome también estará motivada por el país en que habite, puesto que la legislación no es igual en todos ellos: en muchos países está prohibido y en aquéllos en los que el aborto es legal, suele ser restringido bajo una serie de supuestos, como puede ser la violación o las malformaciones del feto.
Sea cual sea la decisión final de la joven, debe tener presente que el aborto es una práctica quirúrgica que sólo deben realizar médicos hospitalarios.
Lo que nos está diciendo APROPO es lo siguiente:
1) No hay problema con abortar, es una decisión personal.
2) No interesan la opinión de los padres de la adolescente, ni el padre de la criatura.
3) Que el aborto como asesinato sólo lo consideran como tal las religiones.
4) No hay problema con el aborto por violación ni por el aborto por malformación del niño.
5) La ley es sólo un tema relativo.
Como vemos, se entiende qué es para APROPO “salud sexual y reproductiva responsable”.
Pregunta: ¿una ONG puede promover un delito? Porque estas afirmaciones las está haciendo en un país en que el aborto es un asesinato. ¿O es que APROPO está publicando este fascículo en el diairo Expreso para jóvenes de otro país?
El presente artículo de María Victoria García Delfino del Centro de Bioética, Persona y Familia, una institución provida argentina, fue publicado el 02 de septiembre de 2011 y demuestra que la pretendida afirmación —que aquí las promotoras peruanas del aborto señalan hasta el cansancio— ” la despenalización del aborto disminuirá la mortalidad materna”, es un mito y un engaño. El artículo pone como casos centrales el de Chile (ver post) , y el de Irlanda, país en donde todo tipo de aborto está penalizado.
a) Polonia, El Salvador y Nicaragua, países que prohibieron el aborto luego de haberlo legalizado, no han visto empeorar su mortalidad materna. Es más, presentan menos.
b) Sudáfrica ha visto su mortalidad materna empeorar después de haber aprobado el aborto.
De este artículo además podemos ver que la estrategia de las pro abortistas argentinas es igual al de las peruanas.
He aquí el artículo:
Buenos Aires, 2/09/2011.- De acuerdo con los informes sobre mortalidad materna realizados por la Organización Mundial de la Salud, UNICEF, UNFPA y el Banco Mundial, Irlanda, país que prohíbe el aborto, tiene el menor índice de mortalidad materna. De los 172 países sobre los que se dan estimaciones, Irlanda es el líder mundial en lo que respecta a la seguridad para las mujeres embarazadas.
Por un lado, el informe conjunto “Tendencias en mortalidad materna 1990-2008”, muestra la disminución del índice de defunciones materna de 6 muertes en 1990, a 3 en 2008 (por 100.000 nacidos vivos).
En el informe “Mortalidad materna en 2005”, de las mismas entidades, se sostiene que Irlanda presenta el menor riesgo de defunción materna: es de 1 en 48.000. Esta estadística se refiere a la probabilidad de que una mujer a partir de los 15 años acabe muriendo por una causa relacionada con la maternidad a lo largo de la vida adulta. Asimismo, el informe presenta el número de defunciones maternas notificadas, que en Irlanda es de 1 por 100.000 nacidos vivos (con un margen de incertidumbre mínimo de 1 y máximo de 2).
El ejemplo de Irlanda nos resulta especialmente interesante en Argentina por los proyectos de legalización del aborto que están a consideración de las Comisiones de Legislación Penal, Familia y Salud de la Cámara de Diputados. Además, en noviembre de 2010 y en julio de este año hubieron dos audiencias convocadas por la Comisión de Legislación Penal, en las cuales las expositoras invitadas se manifestaron activamente a favor de la legalización del aborto.
Tanto entre los fundamentos de los proyectos presentados, como en los argumentos de las expositoras, se hace referencia a la ilegalidad del aborto como principal causa de mortalidad materna en nuestro país.
Marianne Mollmann, representante de Human Rights Watch invitada a la Audiencia del 30/11/2010, centró su exposición en el informe elaborado por HRW sobre el aborto en Argentina, que presupone que el denominado “aborto ilegal” tiene una decisiva incidencia en las muertes maternas, aunque en ningún momento menciona cuántas son las muertes maternas por aborto en Argentina. “En el 2008 más del 20% de las muestras registradas por emergencias obstetricias fueron por causa de abortos (…), la ilegalidad del aborto es la principal causa de muerte de las mujeres en el país”, sostuvo. Por su parte, Luz Patricia Mejía, Comisionada de la Corte Interamericana, invitada a la Audiencia del 13 de Julio pasado, afirmó que “las muertes por abortos clandestinos son la principal causa de mortalidad materna en la región”.
A su vez, en los fundamentos del proyecto que tiene más de 50 firmas de diputados y que busca aprobar la práctica del aborto “si es solicitada libremente por la mujer encinta y se produce antes de cumplirse las doce semanas de gestación” (expediente 998), se sostiene que: “La penalización del aborto en nuestro país, no ha logrado hasta ahora salvar ninguna vida. (…) Según cifras oficiales en Argentina el aborto clandestino es desde hace décadas la primera causa de muerte materna. La criminalización del aborto que da como resultado los abortos inseguros y la muerte de las mujeres…”. Es más, su petición se resume en: “aborto legal para no morir”.
Las causas obstétricas directas son la primera causa de mortalidad materna
Los datos de las Estadísticas Vitales 2009 sobre mortalidad materna muestran que, en el peso relativo de cada causal, las causas obstétricas indirectas representan en total un 38,5% del total (158 casos), y las causas obstétricas directas un 40,2% (165 casos). Los embarazos terminados en aborto durante el 2009 representaron un 21,2% (87 casos), tomando en consideración que aquí el Ministerio no discrimina entre abortos espontáneos y provocados.
Ambigüedad de los datos oficiales sobre aborto
A su vez, es cuestionable la consideración de que el aborto es la primera causa de mortalidad materna desde que los datos oficiales sobre este punto no permiten extraer un panorama exacto de la cuestión al presentar los datos de manera integrada con otras clases de aborto, incluidos los espontáneos.
Del informe Estadísticas vitales 2008, emitido por el Ministerio de Salud de la Nación, se extrae que si bien es cierto que en 2008 las estadísticas oficiales señalan la existencia de 62 muertes maternas originadas en embarazos terminados en abortos, no es exacto que esa cifra se refiera a los “abortos ilegales”. El mismo informe ministerial aclara que dentro de la categoría “embarazos terminados en aborto” incluye no sólo los “abortos ilegales”, no sólo los abortos provocados, sino también los embarazos ectópicos, la mola hidatiforme, otros productos anormales de la concepción, el aborto espontáneo, el aborto médico, otros tipos de aborto y el intento fallido de aborto.
Tampoco los datos de las Estadísticas Vitales 2009 sobre mortalidad materna no discriminan entre abortos espontáneos y provocados y, dentro de estos últimos, los provocados en forma ilegal.
Dado que los datos oficiales en materia de mortalidad materna son ambiguos, no es posible identificar la incidencia de los “abortos ilegales” en la tasa de mortalidad materna. Se requeriría tener discriminado el indicador del Ministerio de Salud, de modo de poder evidenciar exactamente cuántos de esos casos que corresponden a abortos provocados en situaciones precarias. De otra manera, se estará presentando a la opinión pública y a los legisladores una evidente falacia que para nada condice con el método científico que es aquí necesario.
Chile confirma en Latinoamérica los datos de Irlanda
La realidad de la maternidad en Irlanda encuentra su correlato en las estadísticas chilenas. Así lo ha resaltado el Dr. Elard Koch, Director de Investigaciones del Departamento de Salud Familiar, Facultad de Medicina, Universidad de Chile, al exponer el 2 de marzo de 2011 en la Sala 1 de la Cámara de Diputados de la Nación (Edificio Anexo).
Koch elaboró una importante investigación sobre el número de abortos que se realizan en Chile y en Argentina cada año y sobre la vinculación entre el aborto y la mortalidad materna. Entre las principales conclusiones de su investigación, demuestra, a través de un estudio de estadísticas vitales en Chile durante un período de 100 años (1909-2009) que la prohibición del aborto en Chile en 1989 no incrementó la mortalidad materna. Además, el aborto clandestino ha disminuido en paralelo con la reducción de la muerte por aborto. El incremento de la educación de la mujer ha sido el predictor que controla esta disminución a lo largo del tiempo, ejerciendo un efecto sinérgico sobre otros factores, sobre todo con las políticas de atención prenatal y especializada en el parto. Constata que la legalización del aborto es por tanto innecesaria para reducir la mortalidad materna. Chile presenta la más baja mortalidad materna de Latinoamérica, similar a la de países desarrollados. El riesgo de morir por aborto es prácticamente nulo en la actualidad.
Otros casos publicados en artículos científicos
De lo visto hasta aquí, podemos concluir que la experiencia internacional, sobretodo a partir del caso de Irlanda, y de acuerdo a “The Lancet” también la evidencia científica, muestran que la legalización del aborto no está asociada a la reducción de la mortalidad materna, y que es la implementación de mejores condiciones en el cuidado de la salud la causa real de reducción de mortalidad materna. El Dr. Koch señaló que si Argentina quiere alcanzar la meta del Milenio en lo que concierne a mortalidad materna, debe incrementar la cobertura de atención prenatal, la atención obstétrica de urgencia y la atención profesional del parto; esta última logró 83,7% de cobertura de los nacidos vivos el año 2009, dejando aún un porcentaje importante de pacientes con alto riesgo obstétrico sin acceso a la atención especializada en hospitales, que contrasta con la cobertura de 99,9% observada actualmente en Chile.
Respecto de este punto, la prestigiosa publicación científica británica “The Lancet”, estableció en agosto de 2010 que “la evidencia científica muestra que la legalización del aborto no está asociada a la reducción de la mortalidad materna. En las bases de los datos provistos por Hogan y colegas, países como El Salvador, Chile, Polonia y Nicaragua, los cuales prohibieron el aborto luego de haberlo permitido previamente, no han visto incrementada su mortalidad materna. En realidad, la misma se ha reducido. Sudáfrica ha visto incrementarse la mortalidad materna después de la legalización del aborto (…). Puede concluirse con certeza que la causa real de la reducción de la mortalidad materna es la implementación de mejores condiciones en el cuidado de la salud”.
También tomando en cuenta las cifras expuestas en el informe “Mortalidad materna en 2005”, es posible concluir que aquellos países con leyes que legalizan el aborto no experimentan tasas de mortalidad materna menores a las de aquellos países que prohíben el aborto, es decir, no han visto un correspondiente descenso en la proporción de muertes maternas.
Alternativas para reducir la mortalidad materna
De lo visto hasta aquí, podemos concluir que la experiencia internacional, sobretodo a partir del caso de Irlanda, y de acuerdo a “The Lancet” también la evidencia científica, muestran que la legalización del aborto no está asociada a la reducción de la mortalidad materna, y que es la implementación de mejores condiciones en el cuidado de la salud la causa real de reducción de mortalidad materna. El Dr. Koch señaló que si Argentina quiere alcanzar la meta del Milenio en lo que concierne a mortalidad materna, debe incrementar la cobertura de atención prenatal, la atención obstétrica de urgencia y la atención profesional del parto; esta última logró 83,7% de cobertura de los nacidos vivos el año 2009, dejando aún un porcentaje importante de pacientes con alto riesgo obstétrico sin acceso a la atención especializada en hospitales, que contrasta con la cobertura de 99,9% observada actualmente en Chile.