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 ¿Ven el aire de familia? Si debería llamarse Aída Pinocho Naranjo
Se puede respetar a una persona que disiente de uno o se equivoca de buena fe. Se puede comprender y perdonar la ignorancia. Lo que es inexcusable es que se busque engañar y mentir de manera deliberada a todos los peruanos sobre un tema tan delicado e importante como es el aborto. Eso es lo que nos queda de las declaraciones que Aída García Naranjo, la lamentable Ministra de la Mujer, publicadas por Diario 16 el día de ayer, el 5 de agosto en una doble página.
Así frente a la pregunta ¿Está a favor del aborto?, responde:
No soy abortista. Estoy en contra del aborto, no promoveré el aborto, pero sí creo que tiene que tratarse el protocolo del aborto terapéutico, que fue aprobado en 1924. Las autoridades tienen que aprobar eso.
No, lamentablemente no es un proceso de conversión de dicha dama, es la mentira al servicio de una estrategia abortista, y vamos a explicar porqué.
1) Como habíamos demostrado en posts anteriores de nuestro blog, Aída García Naranjo antes de asumir el gobierno, desde su ONG CEDAL (Centro de Asesoría Laboral) promovió la despenalización del aborto como de la articulación de una “Plataforma de la Mujer Peruana”. Además CEDAL publica la revista “Mujeres” en su número IX, en su sección editorial, García Naranjo revela sus pensamientos y filosofía con un lenguaje particularmente virulento:
Lo que puede parecer increíble es que más de cien años de lucha feminista, por liberar a las mujeres de la condición subordinada, relegada al hogar y al cuidado de los hijos, discriminada en el trabajo y en la vida social, excluida de la vida política, nos encuentren en estos días en un virulento debate con la parte más reaccionaria de la Iglesia y sus aliados políticos, que se oponen a la modificación constitucional para despenalizar el aborto eugenésico(cuando el feto presenta malformaciones graves) y por violación, y que luego de haber perdido en la comisión revisora, a pesar de todas las presiones, han conseguido arrancarle al Tribunal Constitucional un insólito fallo que modifica una sentencia anterior del mismo organismo prohibiendo la distribución gratuita de la píldora del día siguiente o anticonceptivo oral de emergencia (AOE).
Como ha sido dicho, este debate apunta a reducir la libertad de las mujeres sobre sus cuerpos y atropella nuestra dignidad en asuntos que no deberían merecer ninguna discusión, como son la defensa de la salud de la embarazada, la posibilidad de que el proceso de gestación concluya exitosamente o la opción de las violadas de rechazar el fruto de la violencia. Más grave aún, si no sólo se cierra la vía del aborto en circunstancias especiales, y se impide a su vez el acceso a un mecanismo para impedir la implantación del óvulo en los momentos en que podría ser definitivamente fecundado. Lo que ha probado esta controversia es que todavía los cambios son frágiles y que hay fuerzas conservadoras que pueden doblegar instituciones y arrastrar apoyos políticos para posturas dignas del Medioevo. La fuerza con la que el cardenal Cipriani, el ministro Rey y otros se han expresado llamando prácticamente “asesinas” a las mujeres que hacen uso de la libertad sobre sus propios cuerpos debe poner en guardia a todas las mujeres y sus organizaciones para impedir nuevos retrocesos.
2.- Que ella a través del Partido Socialista del Perú, de la cual ella es militante desde hace muchos años, fue la que introdujo en el Plan de Gobierno de Gana Perú en la sección de “Propuestas de Equidad de Género”, la propuesta de “despenalización del aborto”. Ver post.
3.- Que su “inocente” propuesta del protocolo del aborto terapéutico,es verdad un “caballo de troya”. Como ha sucedido en otros países, este protocolo será la puerta abierta para despenalizar el aborto en el Perú pues lo manipulan para introducir una serie de causales médicas que no implican la salud grave de la madre para que así, por cualquier problema, y a discreción que considere el médico, se apruebe el aborto, el asesinato del niño.
Bueno, esa es la Ministra de la Mujer, una declarada manipuladora de términos para aparentar que no promoverá el aborto desde su puesto. Estas declaraciones la han descalificado completamente. ¿Los que votaron por Humala, votaron por la mentira y por el aborto?
Como ya habíamos señalado, y no es que seamos adivinos, la actual Ministra de la Mujer, Aída García Naranjo, comenzó a explicarle al nuevo Ministro de Salud, Alberto Tejada, cómo hacer su trabajo. Como sabemos por anteriores posts, García Naranjo, que pertenece al Partido Socialista Peruano, es una radical feminista que promueve el aborto a través de su ONG CEDAL y su entelequia Plataforma Nacional de la Mujer, fue la que incluyó la “despenalización” del aborto en el Plan de Gobierno de Gana Perú.
Así en unas declaraciones a Ideele Radio señaló:
“El tema del Protocolo Nacional de Aborto Terapéutico tiene que ser visto solamente por el Ministerio de Salud sin ningún tipo de injerencia de ningún orden […] El Estado siendo laico indudablemente tiene que tener posición clara, estos temas son sensibles. Yo no soy una mujer que está a favor del aborto, soy una madre tengo 4 hijos, sin embargo, estoy a favor de la vida indudablemente y esto implica que la ley del aborto terapéutico, que existe en el Perú desde 1924, requiere aún terminar su protocolo de atención”, dijo.
El sucinto párrafo delata los continuos mitos feministas pro aborto:
a) Que estar a favor de la vida y en contra del aborto es una posición que se fundamenta en la fe y no en la razón.
b) Que se puede estar “a favor de la vida” y estar a favor del aborto.
c) Que el Estado al ser laico debe olvidarse o ser indiferente a que el 95% de los peruanos son cristianos y que el 75% se oponen a todo tipo de aborto.
Comenzó la batalla por la vida en un gobierno que parece que ha hipotecado su posición con respecto a la vida al Partido Socialista Peruano por su apoyo durante la campaña.
La conferencia sobre Bioética, celebrada en el Christendom College de Front Royal, Viginia (EE.UU.) fue un evento interesante por las posiciones directas contra las falacias, manipulaciones del discurso abortista. En la Conferencia participó el Cardenal Arinze, monseñor Robert Morlino de Madison (Wisconsin), la autora Janet Smith y el padre Tadeusz Pacholczyk.
El Cardenal, presidente emérito de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, sostuvo que en el debate sobre el aborto es necesario hablar claro. El cardenal Arinze observó que los derechos humanos son inviolables porque se reciben de Dios y son inherentes a toda persona humana.
“Si una persona es asesinada, ¿para qué le sirven todos los demás derechos?”, preguntó. “Algunos dicen: ‘Personalmente estoy contra el aborto pero no impongo mi opinión a los demás’. Es como decir: ‘Alguien quiere dispararos en el Senado y en la Cámara de Representantes, pero yo no impondré a nadie mi punto de vista’”.
“¿No es altamente ilógico para algunas personas hablar de ballenas, chimpancés y árboles como ‘especies en peligro’ que deben ser preservadas -y si se tortura a un perro en algunos países se es llevado a los tribunales por crueldad hacia los animales- mientras que el asesinato de niños no nacidos se define ‘pro choice’ antes que lo que es, un homicidio? Es necesario llamar al pan, pan y al vino, vino”.
La autora Janet Smith afrontó, por su parte, la cuestión de la anticoncepción. Usando la filosofía del personalismo contenida en la teología del cuerpo del beato Juan Pablo II, explicó los efectos dañinos de la anticoncepción en la relación esponsal.
“Tener relaciones maritales con una persona y no estar abierto a tener un hijo con esa persona, niega la realidad por la que la relación sexual lleva a relaciones que duran toda la vida”, dijo. “Debería ser cualquier cosa por la que alegrarse, no una cosa vista como un castigo por el hecho de tener relaciones sexuales”.
El padre Tadeusz Pacholczyk, del National Catholic Bioethics Center, habló sobre la investigación con células madre.
La publicidad de Hollywood, la curiosidad científica y la búsqueda de lucro son los elementos que hacen que la destrucción de embriones para obtener células madre se financie y sea activa, afirmó.
El sacerdote destacó la ironía de una ley estadounidense de 1940 que defiende no sólo el águila de mar de cabeza blanca, también su huevo.
“Si consideramos que destruir un huevo de águila es un mal igual a destruir un águila, ¿por qué no conseguimos pensar lo mismo cuando se trata de una vida humana?”, preguntó.
Monseñor Morlino prosiguió, después el debate con una presentación sobre el derecho natural y el debate sobre el fin de la vida.
“Cada caso de enfermedad terminal o de una persona moribunda es único”, declaró.
“Las valoraciones no son difíciles de hacer, es la comunicación pastoral la que es difícil. Si la persona no se siente un peso para los demás y no lo es, el enfoque pastoral de la comunicación de la verdad es mucho más sencilla”.
Lorna Cvetkovich, del Tepeyac Family Center, habló de los retos que deben afrontar los católicos que practican la medicina.
“En nuestra sociedad, el 80% de las mujeres han usado las píldoras anticonceptivas. Si tienen más de 35 años y se tiene un hijo, hay una posibilidad del 50%-60% de que se hayan quedado estériles, y el porcentaje de embarazos con fecundación in vitro aumenta cada año”, destacó. “Debemos afrontar muchas cuestiones”.
Los profesionales médicos católicos, indicó, deben preocuparse no sólo de las cuestiones relativas a la salud reproductiva, sino también de las prácticas de la investigación. Un reto para la profesión médica es entender y reconocer cuanto ha influido la ideología en el ideal científico.
“Muchos datos y varias investigaciones han mostrado que el aborto aumenta el riesgo de cáncer de pecho” comentó. “¿Por qué se esconde? En el pasado podíamos confiar en el hecho de que la gente tuviese la voluntad de realizar investigaciones positivas”.
Concluyendo, Cvetkovich confesó temer por el futuro de la medicina católica: “Deberemos elegir entre practicar la medicina anti-hipocrática y pro-choice y practicar una hipocrática, católica, pro-vida y perder nuestro trabajo”.
Esta noticia es totalmente lo opuesto al caso anterior (ver post). Este caso sucedido en España demuestra además la semejanza que existe entre el aborto y la pena de muerte, con la diferencia que en el primero no puede haber duda que es totalmente inocente. En ambos casos la vida no cuenta y no hay punto de retorno. En este caso, el el bebé fue condenado a muerte por estar enfermo, algo parecido a la eutanasia.
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La asociación El Defensor del Paciente ha pedido a la Fiscalía que investigue el caso de una mujer de Málaga que abortó el pasado junio a los seis meses de gestación tras ser informada de que el bebé tenía una malformación fetal grave, y días después recibió una carta por correo que decía que estaba sano.
El matrimonio mantiene que fue informado el pasado 31 de mayo, cuando la mujer estaba de 23 semanas y dos días de gestación de que el bebé que esperaban tenía “artrogriposis múltiple congénita”, una enfermedad difícil de detectar y que, según los médicos, probablemente desarrollaría en grado elevado porque nunca movió los pies ni las manos pese a que presionaban el vientre constantemente.
Además, el feto tenía totalmente flexionadas sus extremidades y hasta que no naciera no podrían saber si tendría alguna otra discapacidad, pero podía tener problemas cardíacos, según señala la pareja afectada que le comunicaron los médicos.
Ante esta situación, les recomendaron hacer una amniocentesis y empezar el protocolo para interrumpir el embarazo, sin que les dieran -aseguran- ningún porcentaje de error-, por lo que decidieron hacerlo en ese momento para que un tribunal médico les permitiera abortar pasadas las 22 semanas de gestación.
Aunque el matrimonio fue informado de que posiblemente el tribunal le haría una ecografía a la mujer para confirmar y contrastar el diagnóstico, “eso no fue necesario” y bastó con el informe de la doctora y en una llamada les dieron la cita para acudir a una clínica de Sevilla el pasado 3 de junio para detener la gestación.
El doctor que intervino en el proceso rellenó un informe en el que ponía “malformación fetal grave sin posibilidad de tratamiento”, documento que los afectados entregaron en el Hospital Virgen de la Victoria de Málaga, y en el que fue ingresada la mujer y tuvo lugar la expulsión del feto en dos días, relatan.
Tras el aborto, la mujer estaba de baja médica por depresión y cuando intentaban “dejar esta tragedia atrás”, recibieron por correo ordinario en su casa una carta del Hospital Virgen de la Victoria del servicio de Anatomía con un informe del que interpretan que el bebé estaba sano o no tenía anomalías graves como para interrumpir el embarazo.
Con el fin de corroborar su impresión, aprovecharon la cita médica que tenían con su doctora de cabecera para que leyera la carta, y ésta también interpretó que, al parecer no había ninguna anomalía.
La pareja, que el próximo 26 de julio tiene una cita en el hospital para recoger los resultados de la amniocentesis, espera una explicación al respecto, ya que aunque les dijeron que les iban a llamar, aún no ha sucedido, señala El Defensor del Paciente, que solicita a la Fiscalía una investigación de oficio por supuesta negligencia.
(Tomado de adn.es) Link
Julio 13th, 2011 | Category: General
El presente artículo ha sido tomado de “Religión en Libertad” en la que de una manera heroica se manifiesta el valor y la dignidad de los padres. En este caso, esta convicción provenía de su fe en Dios y en la oración.
ReL publica la historia de un matrimonio que luchó por tener a su hijo por encima de todo, a pesar de que los médicos les recomendaron que abortara debido a que el bebé tenía Síndrome de Down, pero el poder de la oración es tan grande, que en pleno embarazo, todo cambió radicalmente.
Alegría al saber que iban a tener un hijo
«Llevábamos tan sólo tres meses casados y mi mujer ya estaba encinta. No nos importaba no tener una casa grande ni no tener un empleo estable. Nos queríamos tanto que sólo pensábamos en poner nuestro amor al servicio de Dios. Si era su voluntad Él nos daría un hijo. Y así fue. Y tal era el convencimiento de que en verdad era un regalo de Dios que, en secreto, se lo consagré a Él con todo el corazón. “Este hijo nuestro es tuyo, Señor”. La alegría por esta noticia se extendió por toda la familia y amigos como una explosión. La vida estaba resultando extremadamente generosa con nosotros y le dábamos gracias a Dios constantemente.
El bebé tiene Sindrome de Down
»Y llegó el momento de la primera ecografía. Era 19 de octubre. Estábamos exultantes. ¡Por fin íbamos a ver a nuestro hijo! Preparan a mi mujer, ponen en marcha el ecógrafo y.. ahí estaba, flotando en el vientre de su madre, con sus bracitos, su cabecita, sus piernecitas, …”Bueno- dice la doctora - tiene pliegue nucal positivo y alto ¿Has pensado hacerte una amniocentesis?” “No- responde mi mujer -si no es necesario no queremos hacerla por los riesgos que conlleva para el feto”. “Pues yo te recomiendo que te la hagas porque este niño viene con síndrome de Down o con alguna otra alteración cromosómica y cuanto antes lo sepas antes podrás decidir… que aún estáis a tiempo“.
»No entendíamos nada. ¿Nuestro hijo tiene síndrome de Down? ¿Nos estaba hablando de abortar?
Os podéis imaginar cómo nos sentíamos. Todo nos daba vueltas, iba demasiado deprisa. Hace unos minutos estábamos llenos de gozo y ahora nos hablaban de problemas… y de… Nos pasaron inmediatamente con una doctora para que nos explicase en qué consistía la amniocentesis. Casi nos aseguraba que el niño venía con un síndrome de Down y que después de los resultados podríamos “interrumpir” voluntariamente el embarazo. Otra vez la muerte.
»Pasamos a una tercera doctora que le practicó un “screening” (prueba química que determina el nivel de alfafetoproteína en la sangre). Esta prueba fue positiva. Ella también nos habló de “ interrumpir”…
Agarrarse al Evangelio y a la fe
»A estas alturas del día nuestro dolor y nuestro aturdimiento eran enormes. Al llegar a casa cogí los Evangelios. Le pedí a Dios una palabra que me explicase porqué estaba ocurriendo esto y me dijo: “Porque el Señor lo necesita” (Lc 19, 34). Fui a donde estaba mi mujer. Se lo conté y le dije: “No lo entiendo. No entiendo para qué necesita Dios esto de nuestro hijo pero tenemos que decir que sí, como María, aunque no lo entendamos”. Y comencé a llorar como cuando era niño, buscando consuelo de la Mamá. (Sabed, mis queridos hermanos, que esta aceptación de la voluntad de Dios no fue una heroicidad. Con el paso del tiempo he llegado a la convicción de que esa confianza en Él, incluso sin comprender qué ocurre, viene de Dios mismo. No sale de nosotros. Él no nos abandona JAMÁS).
»Pues bien, quisimos conocer otra opinión facultativa y el día 23 fuimos a un ginecólogo privado que no hizo más que corroborar las anteriores opiniones, sabiendo además que en los cuatro días transcurridos, el pliegue nucal había aumentado de 4’ 7 mm a 5’ 4 mm. Pero la preocupación fue mayor porque vio dos manchitas en el cerebro que “pueden borrarse o convertirse en una hidrocefalia”. Nos explicó los problemas que pueden afectar a los niños con síndrome de Down: “Pueden morir al nacer, tener diversas cardiopatías, tener que operarlos por otras complicaciones o pueden ser niños adorables y extraordinariamente cariñosos… Pero sufren mucho y sufren los padres… Siempre podéis tomar una decisión… Sois jóvenes… Aún podéis tener más hijos… Esto no es más que un accidente…” ¿Mi hijo, un accidente? ¿Otra vez nos hablan de matar a nuestro niño? Y otra vez, al llegar a casa, Dios nos dio una palabra: “Antes de haberte formado YO en el seno materno, te conocía y antes que nacieses te tenía consagrado”. (Jr 1, 5) ¡Bendito sea Dios! Era la corroboración de que ese niño que venía estaba presente de manera palpable en el Amor de Dios.
»Nuestras oraciones se hicieron más sinceras, más vivas, más intensas y profundas. Sí, aceptábamos la voluntad de Dios con todas sus consecuencias, aún sin entender nada, pero estábamos convencidos de que Cristo sana, que Jesús atiende cada una de nuestras peticiones y nosotros le suplicábamos que sanase a nuestro hijo.
Acudieron a un sacerdote para que les ayudara
»El martes 24 de octubre fuimos al templo de Mª Reparadora a ver a Jaime Burke O. P., al que Dios bendiga cada segundo de su vida. Tras la enseñanza y la Eucaristía fuimos a hablar con él. Le contamos lo que ocurría y le pedimos humildemente que orase por el bebé.” Muy bien- nos dijo -, pon tus manos sobre el vientre de tu esposa”. Nos abrazó y entre otras bellísimas palabras dijo: “Que en la próxima revisión, los médicos se maravillen de tus prodigios, Señor”. Tras aquella oración sentimos una Paz inmensa.
»Pero hermanos, yo soy como San Pedro, capaz de saltar de la barca y andar sobre las aguas, convencido de que Dios mismo me da el poder para hacerlo, y comenzar a hundirme por mi miedo, por mi falta de fe. Creía en la Voluntad Perfecta de Dios pero a veces dudaba que esa voluntad fuese la de curar a mi hijo. Y el jueves siguiente iba caminando por la calle con esa angustia cuando escuché en mi interior una voz clarísima que me dijo:” Confía en mí “
»Mis queridos hermanos, era el mensaje del Divino Cristo de la Misericordia a sor Faustina que me alentaba a dejarle hacer a Él las cosas. Y comencé a cantar: “ Y deja que Dios sea Dios, deja que Dios sea Dios. Tú sólo adórale ”.
La historia da un giro de 360º
»Llegó el día de la siguiente prueba (30 de Octubre).Estábamos muy nerviosos pero hacíamos como que no pasaba nada. Al llegar a la consulta me dijeron que yo no podía pasar. Esperé en la sala. Yo sabía que a esa hora varios hermanos y familiares estarían rezando por nosotros (¡Ah, el poder maravilloso de la oración!). Yo también comencé a rezar, creo que como nunca antes lo había hecho, con el corazón, con la mente, con todos mis sentidos,…”. Hágase tu voluntad, hágase Padre, pero una palabra tuya, un pensamiento, una mirada y mi hijo sanará ”.Me fui tranquilizando confiando en que la voluntad de Dios se iba a cumplir. Pasado un rato se abrió la puerta de la consulta. Mi mujer salía riéndose. Pensé: “Pobrecilla.
»Esto le está afectando demasiado”. Se me acercó y me dijo: “Tranquilo, no pasa nada”. “Lo sé- le dije – debemos estar serenos. Yo ya lo estoy”. “No. Que no LE pasa nada. Los médicos no se lo explican pero le ha desaparecido el pliegue nucal y el cerebro está perfectamente. Me han hecho una segunda eco porque no entendían lo que estaba pasando”. Comencé a llorar. Lloraba por la tensión acumulada. Lloraba por lo que estaba oyendo. Pero sobre todo lloraba por sentirme tan pequeño e insignificante ante la Grandeza de Dios, ante su Amor derrochado a borbotones sobre nosotros, sobre nuestro hijo, ese hijo que, días antes, unos doctores nos proponían “interrumpir”.
»Sí, mis queridos hermanos, el Señor lo necesitaba para hacer sus prodigios, para que los médicos se maravillasen, para que los que creemos lo aclamemos como nuestro único Dios y Señor, para que creamos en su Amor incondicional, incluso cuando nos alejamos de Él. Para que le demos gracias, lo alabemos, lo bendigamos y cantemos en todo momento y lugar: “Gloria a Ti por siempre, por siempre, por siempre. Amén”».
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